El presidente cubano Díaz-Canel eludió una pregunta directa sobre la posible llegada de la franquicia McDonald’s y Burger King a Cuba durante una entrevista concedida a Telenoticias, de República Dominicana. En lugar de pronunciar los nombres de las cadenas, respondió invocando un principio de igualdad económica: cualquier inversión extranjera sería bienvenida, siempre que se apliquen las mismas condiciones para todos los actores.
La pregunta sobre la llegada de franquicias de comida rápida estadounidenses a Cuba circula desde hace años, avivada por los intentos de apertura económica del régimen y el levantamiento parcial de sanciones en distintos momentos de la última década. La respuesta de Díaz-Canel, recogida y analizada por el medio cubano CiberCuba, no abre ni cierra la puerta: esquiva los nombres y eleva el debate al plano de los principios.
Una pregunta directa, una respuesta sin nombres
Durante la entrevista con Telenoticias, el canal de noticias de República Dominicana, el periodista preguntó directamente a Díaz-Canel si cadenas como McDonald’s o la franquicia Burger King podrían instalarse en Cuba. El mandatario no pronunció los nombres: optó por enmarcar su respuesta en torno a las “condiciones de igualdad” de trato para inversores, los extranjeros en su país, y los cubanos fuera de sus fronteras. El subtexto es que Cuba no cierra la puerta a la inversión privada extranjera, pero tampoco anuncia apertura específica alguna hacia las grandes cadenas de restauración rápida estadounidenses.
El ejercicio de evasión es revelador. Nombrar a McDonald’s habría implicado reconocer públicamente un interés en marcas históricamente asociadas al sistema económico que el régimen cubano lleva décadas confrontando. Omitir los nombres permite mantener el discurso político intacto, o casi.

Igualdad económica para los inversores: ¿qué significa en la práctica?
El principio invocado por Díaz-Canel, el de igualdad de condiciones para la inversión extranjera, choca con la realidad del marco legal cubano. El embargo estadounidense prohíbe a empresas de Estados Unidos operar en la isla, lo que excluye directamente a marcas como McDonald’s (fundada en 1955, con sede en Chicago) o Burger King (fundada en 1953, con sede en Miami). Mientras el bloqueo se mantenga, la igualdad proclamada es teórica.
Por otro lado, el argumento de igualdad podría interpretarse como una señal a inversores de otros orígenes, europeos, latinoamericanos o asiáticos, interesados en el mercado cubano de restauración. En ese sentido, la respuesta de Díaz-Canel funciona menos como una apertura hacia las cadenas norteamericanas y más como un mensaje general sobre el clima de inversión.
LEER TAMBIÉN
McDonald’s y Burger King en el Caribe: lo que Cuba aún no tiene
Ambas cadenas tienen una presencia consolidada en el entorno caribeño y latinoamericano. McDonald’s opera en más de 100 países en todo el mundo; Burger King, gestionado en España e Italia por Restaurant Brands Europe, también cuenta con una red densa en América Latina. Cuba permanece fuera de ese mapa, junto con una lista reducida de territorios sin presencia de estos operadores.
La pregunta de fondo no es si Díaz-Canel quiere o no a McDonald’s en La Habana. Es si el levantamiento del embargo, en un escenario hipotético, desencadenaría un interés real y rápido de estas cadenas por un mercado de más de 11 millones de habitantes con un poder adquisitivo limitado pero una demanda contenida de décadas. Las próximas señales desde Washington y La Habana serán las que determinen si esta conversación pasa de anecdótica a estratégica.











