La Dolce Fina, heladería madrileña fundada en 2020, da el salto al modelo de franquicia con una inversión inicial desde 100.000 euros por establecimiento. Con seis locales propios ya operativos en Madrid, la enseña apunta ahora a expandir el gelato artesanal auténtico por todo el territorio español.
La Dolce Fina refuerza su presencia en Madrid antes de expandirse en franquicia
Coincidiendo con el lanzamiento del plan de expansión, la franquicia La Dolce Fina acaba de inaugurar su sexto establecimiento propio en la Plaza de Chueca, 4, en pleno centro de Madrid. El nuevo local se une a los cinco ya operativos en los barrios de Salamanca, La Latina, Malasaña, Chamberí y Moncloa, así como al punto de venta de La Moraleja. La elección de estas zonas refleja una estrategia de posicionamiento clara: instalarse en los enclaves de referencia de la capital antes de trasladar el modelo a franquiciados en el resto del territorio nacional.
Este despliegue urbano diversificado de la franquicia de heladerías ha permitido a la marca testar diferentes perfiles de clientela y ajustar su propuesta antes de escalarla.
La apertura a franquiciados marca el inicio de una nueva fase para la compañía. Los próximos meses permitirán conocer qué ciudades y qué perfiles de inversores se incorporan primero a la red, y a qué ritmo avanza la expansión más allá de la Comunidad de Madrid.
San Gimignano, 2020: un proyecto familiar inspirado en la Toscana
El proyecto arranca de un viaje familiar de los fundadores, Pili Artaza y Juan Pablo Brina, a San Gimignano, ciudad medieval de la Toscana con una larga relación histórica con el gelato artesanal, según el medio Pamplona Actual. En esa región, entran en contacto con Sergio Dondoli y Sergio Colalucci, heladeros de reconocimiento internacional considerados entre los mejores del mundo en su disciplina, según el citado medio.
Ambos maestros italianos apoyan directamente el desarrollo de la receta y la puesta en marcha del primer establecimiento en Madrid. Esta conexión diferencia a La Dolce Fina de otras propuestas del sector: la marca no adapta ni simplifica el producto, sino que reproduce el proceso de elaboración tal como se practica en Italia.
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Sin colorantes ni conservantes: solo leche fresca, fruta y frío
El diferenciador de La Dolce Fina descansa sobre un principio de elaboración sin concesiones: ningún colorante, ningún saborizante artificial, ningún aditivo químico. La receta utiliza leche y nata fresca, fruta de temporada y materias primas seleccionadas en origen, entre ellas pistachos y avellanas italianas.
La oferta se completa con café de la marca Lavazza, lo que permite al establecimiento funcionar como espacio de degustación a lo largo de toda la jornada, del desayuno a la merienda.
Una entrada desde 100.000 euros para los candidatos a franquiciado
El plan de franquicia que La Dolce Fina pone en marcha exige una inversión inicial desde 100.000 euros por establecimiento. A cambio, los candidatos acceden a un modelo de negocio rodado en seis puntos de venta propios, con procesos operativos definidos y un sistema de apoyo que cubre formación, lanzamiento y gestión diaria.
El segmento del gelato artesanal premium presenta escasa competencia directa fuera de las grandes ciudades. Este vacío abre oportunidades en capitales de provincia y zonas turísticas con una demanda creciente de propuestas gastronómicas diferenciadas.











