Los supermercados españoles llevan mesas, microondas y cubiertos a sus pasillos para que los clientes coman en el propio local. El fenómeno de los mercaurantes ya inquieta a la patronal Hostelería de España, que exige igualdad de condiciones. Para las redes de franquicia en distribución alimentaria, en cambio, el modelo abre una oportunidad directa para captar un nuevo momento de consumo.
El gasto en alimentación fuera del hogar rozó los 35.872 millones de euros en España en 2024. Los supermercados ya concentran el 67,2 % de los puntos de compra de alimentación y el 95 % de los consumidores incluye platos preparados en su cesta habitual, de acuerdo con el medio Diario de Avisos que se ha hecho eco de esta información. En este escenario, la implantación de zonas de consumo inmediato dentro de los propios establecimientos ya no es una rareza: se ha convertido en una estrategia deliberada de las grandes cadenas para retener al cliente más tiempo y captar el momento del almuerzo.
El ‘mercaurante’: cuando el supermercado se convierte en el nuevo comedor urbano
Comprar una tarrina de gazpacho, calentarla en el microondas del establecimiento y sentarse a comerla en una mesa junto a la sección de fruta. Lo que hace unos años parecía anecdótico forma ya parte de la oferta de varias cadenas de gran distribución en España. El término mercaurante, hibridación entre supermercado y restaurante, describe este nuevo formato que avanza en supermercados de barrio, hipermercados y puntos de venta de proximidad.
Su propuesta de valor es distinta: sin servicio de mesa, sin carta y sin cocina al momento. Donde sí puede erosionar volumen es en el almuerzo rápido de zonas de oficinas y ejes comerciales, donde el menú del día compite directamente con la bandeja de platos preparados en términos de precio y comodidad de acceso.
El modelo tiene precedentes. IKEA integró restaurantes en sus grandes superficies hace décadas, haciendo de la pausa para comer una parte deliberada de la experiencia de compra. Lo que cambia ahora es la escala y el perfil del establecimiento: el fenómeno ha llegado al supermercado cotidiano, al local de barrio que ya no compite únicamente por llenar la nevera, sino por capturar el momento del almuerzo y la merienda.
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Detrás del éxito de las zonas de consumo en supermercados hay una transformación demográfica y urbana profunda. Este fenómeno va más allá del precio y refleja una nueva realidad cotidiana: hogares formados por una sola persona, jornadas laborales largas y trabajadores que prefieren resolver el almuerzo cerca del trabajo sin desplazamientos ni esperas.
Lo que permite la ley: zona de degustación sí, restaurante encubierto no
La norma que da cobertura legal a estas zonas es el Real Decreto 1021/2022, que regula las condiciones higiénicas del comercio minorista. El decreto introduce el concepto de “zona de degustación“: un espacio dentro de un establecimiento comercial donde la clientela puede consumir productos adquiridos en el propio local, de forma complementaria a la actividad principal de venta.
La clave jurídica está en la frase “como actividad complementaria”. Si el espacio de consumo deja de ser un complemento de la venta para funcionar como un servicio de restauración independiente, el establecimiento cruza la línea legal. El problema es que la normativa no fija un umbral preciso, lo que genera una zona gris que varía en función de la comunidad autónoma y de la ordenanza municipal de cada localidad.
El menú del día en zonas de oficinas, el segmento más expuesto a esta presión
La patronal Hostelería de España ha expresado su malestar, según el citado medio, y reclama que los establecimientos de distribución con zonas de consumo en sala estén sujetos a las mismas obligaciones que un bar o restaurante: licencias específicas, convenio laboral propio del sector y requisitos sanitarios equivalentes. La denuncia apunta a una asimetría regulatoria que, según el sector, distorsiona la competencia.
Por qué el fenómeno ‘mercaurante’ es una ventaja para las franquicias de alimentación
Para las redes de franquicia en distribución alimentaria, el avance de los supermercados con mesas representa una palanca de crecimiento, no una amenaza. Un franquiciado de Eroski, Carrefour Express o cualquier cadena de proximidad que incorpore una zona de degustación no solo amplía su oferta: diversifica sus ingresos y captura un tramo del gasto en alimentación fuera del hogar que antes quedaba fuera de su modelo.
El encaje es especialmente claro en las franquicias de supermercados de barrio. Su ubicación en zonas residenciales o cerca de polígonos empresariales las sitúa en el recorrido natural del trabajador que busca resolver el almuerzo sin desplazarse. La inversión adicional necesaria para habilitar la zona de consumo es contenida (microondas, mobiliario básico, gestión del espacio), mientras que el impacto en el tráfico y en el ticket medio puede ser notable.
El fenómeno abre también una oportunidad para las enseñas especializadas en comida preparada y productos de conveniencia. A medida que el consumidor normaliza comer fuera de un entorno de restauración tradicional, el canal supermercado gana legitimidad como espacio de consumo. El franquiciado que sepa adaptar su oferta de platos preparados y su disposición de espacio a esta demanda estará mejor posicionado que quien replique sin más el modelo clásico de libre servicio.
Son las franquicias de restauración de precio bajo, especialmente las del segmento menú del día, bocadillerías y cadenas de comida rápida económica, las que acumulan mayor exposición. Para estas enseñas, el reto pasa por reforzar su propuesta en los atributos que el supermercado no puede ofrecer: servicio en mesa, personalización del pedido y experiencia de local. Las próximas temporadas dirán si la presión regulatoria que reclama Hostelería de España acabará nivelando el terreno de juego.











