El modelo de negocio de una franquicia tiene la gran ventaja de ser un negocio probado, pero es un modelo con condiciones propias y todo viene dado. Uno de los puntos más delicados y paradójicamente menos discutidos es el de las obras y la homogeneidad que se exige para adecuar un local.
Quién paga la reforma en una franquicia en España: el franquiciado ante las obras de adecuación
Todo empieza con un manual exhaustivo con planos, colores Pantone, distribución del mobiliario y altura reglamentaria del rótulo. Este manual de adecuación define exactamente cómo debe lucir y funcionar tu local, con la promesa de que la coherencia de marca es lo que atrae al cliente.
Ahora bien, que el franquiciador defina no significa que él lo pague. En la mayoría de los casos, todas las obras para adaptar el espacio corren a cargo del franquiciado: desde tirar muros y poner enchufes hasta comprar sillas con respaldo ergonómico del tono corporativo. Incluso los rótulos exteriores suelen ser responsabilidad del franquiciado, salvo que el contrato diga lo contrario.
El contrato es la clave, tal y como lo explica José Zamarro, abogado experto en franquicias. “En España no hay regularización legal del contrato de franquicia, lo que opera es lo que hayan pactado las partes en el contrato que se regula por el código civil o mercantil”, señala el letrado. Zamarro añade que casi siempre las obras las paga el franquiciado. “El franquiciado es un empresario independiente, que usa unos conocimientos desarrollados por la franquicia, pero todo lo que tenga que hacer en su local es por cuenta de él”, dice.
El poder del franquiciador en las obras: ¿qué margen tiene el franquiciado?
Cabe recordar que los franquiciadores tienen que autorizar todo. “Al final tú haces un negocio que les representa a ellos. Por eso no les vale cualquier cosa, tiene que responder al diseño y estándares que ellos han desarrollado”, insiste Zamarro. “Hay franquiciadores que imponen su personal para hacer las obras y hay otros que te dejan que lo hagas tú, pero con la supervisión de ellos”.
El sistema “llave en mano”, que significa que la central gestiona la reforma es un arma de doble filo: muchas veces no hay opción de elegir otra empresa, y el margen para discutir sobre calidades, plazos o precios es nulo. En la práctica, firmas y esperas. Y si las obras se retrasan, es muy probable que el cronómetro de tu contrato ya esté corriendo.
Riesgos legales por retrasos en la apertura
Desde el punto de vista jurídico, es fundamental que el contrato defina qué sucede si la apertura se retrasa por causas fuera del control del franquiciado. Si no se especifica eso en el contrato, el riesgo pertenece al franquiciado de principio a fin.
Zamarro explica que los contratos con las franquicias son muy “asimétricos” y que el franquiciado tiene menos ventajas en la relación contractual. “Cada una de las partes tiene sus obligaciones, pero las del franquiciado serán mucho más intensas”.
Cuenta atrás sin ventas: cómo prepararse para abrir la franquicia sin hundirse antes
Las obras suelen comenzar cuando ya se ha firmado el contrato de arrendamiento del local. Eso significa que hay que pagar un alquiler mientras el local se está adaptando a una franquicia y durante este tiempo el establecimiento estará cerrado.
En este punto cabe poner en marcha algunas estrategias como informar con vinilos en la fachada la apertura de un nuevo local y activar redes sociales con contenido que muestre lo que se viene, e incluso preparar ofertas especiales para la reapertura. En cuanto a franquicias en centros comerciales, la cosa se complica. Hay exigencias específicas sobre horarios de obra, prevención de incendios, estética común de fachadas… y todo esto implica más gastos.
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El abogado insiste en la asistencia jurídica desde el inicio, aunque los contratos suelen estar blindados. “El franquiciador en principio no quiere tocar el contrato, suele ser complicado que modifiquen los contratos, pero sí se puede llegar a algo mejor”, comenta.
Muchos franquiciados firman sin asesoramiento legal. O lo hacen creyendo que, al ser una marca consolidada, los contratos vienen “bien hechos”. Pero la asimetría de poder en este tipo de vínculos requiere atención minuciosa.
El franquiciado debe evitar entrar en un túnel de gastos sin retorno. Algunos salvavidas son las cláusulas de resolución anticipada, condiciones suspensivas (por ejemplo, que todo quede sujeto a la obtención de licencias), y una delimitación precisa de qué se entiende por “apertura efectiva”.
Nuestro resumen EN
5 puntos clave
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(Verificado por nuestra redacción)
Aquí tienes un resumen en cinco puntos clave del artículo sobre el tema: “Obras obligatorias, responsabilidades difusas: la letra pequeña de abrir una franquicia”.
La imagen corporativa no se negocia
los franquiciadores exigen adecuar el local con manuales estrictos que incluyen colores, rótulos y mobiliario específico.
El franquiciado asume casi todos los costes
en la mayoría de los casos, la reforma completa del local corre por cuenta del franquiciado, salvo que el contrato indique lo contrario.
El contrato manda y suele ser desigual
no existe regulación específica en España, y los contratos de franquicia suelen favorecer claramente al franquiciador.
El tiempo corre incluso antes de abrir
las obras comienzan tras firmar el alquiler, lo que implica gastos sin ingresos y riesgos si no hay cláusulas que protejan al franquiciado.
La asistencia legal es clave desde el principio
muchos franquiciados no se asesoran y entran en relaciones contractuales desequilibradas sin protección jurídica adecuada.











