Disfruta del silencio, o del poder del silencio en la gestión

15 noviembre 2022

En nuestra sociedad ruidosa, en la que el menor objeto nos llama constantemente con pitidos, “blops” y “dings”, el silencio es inquietante. Evoca vacío, malestar, ignorancia, a veces incluso estupidez, y tendemos a sospechar de cualquiera que permanezca en silencio durante demasiado tiempo. El impulso de romper este silencio insoportable, de llenarlo, es feroz, a riesgo de hablar para no decir nada.


Y, sin embargo, en muchas disciplinas, el silencio es lo que da a un discurso todo su alcance. En el teatro, crea emoción; en la comedia, provoca risa; y en la música, son las respiraciones las que dan ritmo a la melodía. Podría decirse que la naturaleza aborrece el vacío, pero el silencio no es el vacío ni la nada, sino un lugar para dejar que aparezca lo que ya existe. En el lugar de trabajo, que es lo que nos interesa, es una poderosa herramienta de gestión para fomentar la creatividad y la motivación.

Silencio para una mejor comunicación

Puede parecer un poco contraintuitivo, pero el silencio es una formidable herramienta de comunicación. Como orador, saber dejar huecos en tu discurso tiene sus ventajas. Por un lado, la pausa ofrece un tiempo para respirar y reflexionar, durante el cual el orador puede calibrar la reacción del público a lo que acaba de decir. Luego puede pensar en cómo quiere que sea su próximo anuncio. Como te dirán los mejores cómicos, es esencial, incluso vital, escuchar a tu público, hacerte una idea de la sala, para no exagerar. Este silencio también anima al oyente a asimilar lo que se ha dicho. A veces bastan unos segundos para que un buen chiste florezca en la mente del público y deje lugar a la risa. Por tanto, hacer pausas en tu discurso es perfectamente productivo, ya que da a todos tiempo para pensar.

Jacques Pilhan, asesor de comunicación de François Mitterrand y Jacques Chirac, veía en el silencio un poderoso medio de crear deseo entre los ciudadanos, y creía que la estatura de un jefe de Estado se construía, en parte, sobre la rareza de sus palabras. También en el mundo empresarial, el directivo cuyas palabras son raras pero extremadamente relevantes se forja una estatura de hombre o mujer de poder. En las reuniones, a veces la mejor forma de brillar es callarse. Guardar silencio, escuchar, reflexionar y luego dar una respuesta bien construida y adecuada es una verdadera demostración de inteligencia y, a veces, de legitimidad.

El silencio como poder creador

Como el silencio permite la reflexión, puede generar nuevas ideas y hacer que surjan soluciones. Por tanto, esconde un verdadero potencial creativo y debería preceder a cualquier sesión de lluvia de ideas… Una calma antes de la tormenta.

Por otra parte, esta laguna, porque a veces es terriblemente incómoda, debe llenarse. Una pausa suficientemente larga en el momento justo puede entonces, como por arte de magia, sacar a la luz verdades ocultas, ideas aún no plenamente desarrolladas, intuiciones aún no plenamente asumidas. En resumen, el silencio es un catalizador para revelar lo que ya existe pero permanece oculto por pudor, timidez o miedo a ser juzgado. El directivo avezado podrá utilizar estos espacios en blanco para conseguir que su personal admita lo que realmente piensa, para que dé luz a una petición delicada o incluso para que encuentre por sí mismo una solución por la que había acudido a él.

Por último, en la negociación, el arte de guardar silencio es un arma formidable. Ante el anuncio de un precio o una condición, permanecer en silencio es desestabilizador y puede llevar a la otra persona a decir más, incluso demasiado. Al intentar llenar el vacío, ofrece a su interlocutor información valiosa con la que construir un contraargumento, si no traiciona directamente su farol.

Calma y silencio, ¿las claves de la motivación?

En algunos casos, el silencio puede ser un factor motivador. “Si quieres motivar, empieza por callar”, dijo Brandon Irwin, profesor de la Universidad Estatal de Kansas. En un artículo titulado “El silencio de oro”, demuestra que los entrenadores deportivos que están tranquilos, callados pero atentos durante un partido obtienen mejores resultados de sus equipos. ¿Cómo se explica esto? Una de las respuestas planteadas por Brandon Irwin es que el entrenador, al animar con palabras, en realidad distrae a los jugadores y, al mismo tiempo, reduce su capacidad de sacar de sí mismos la fuerza para sobresalir.

Susan Fowler, especialista en motivación y profesora de la Universidad de San Diego, comentó el estudio de Brandon Irwin. Añadió que, en su opinión, los desplantes y vítores de un entrenador voluble son percibidos por sus jugadores como una expresión de su propia motivación y necesidad de ganar, y no como una ayuda para ayudarles.

Esta teoría se aplica perfectamente al mundo empresarial. Los empleados no estarán motivados si se sienten manipulados y si el estímulo no parece sincero. Para apoyar a sus tropas, el manager tiene todo el interés en dar ánimos y hacer comentarios con más moderación, pero de forma mucho más sincera y justa. Un cumplido o una crítica poco frecuentes pero constructivos serán más significativos y tendrán un mayor impacto en la motivación del empleado. Así que, directivos y líderes, recordad siempre que mientras las palabras son plata, el silencio es oro. No te escuches hablar demasiado, y no dudes en hacer una pausa para “disfrutar del silencio” y compartirlo con tus equipos.

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